¿Por qué Quijada del Diablo?
Antes de ser una marca de café, Quijada del Diablo fue —y sigue siendo— un lugar. Un cerro real al pie del cual está nuestra finca.
Se alza a alrededor de 1.800 metros sobre el nivel del mar, en plena frontera entre Costa Rica y Panamá, y su silueta —vista desde la distancia— recuerda la forma de una quijada. Así lo bautizó la gente de la zona hace generaciones: la Quijada del Diablo.
Como tantos lugares de frontera, el cerro tiene su propia historia. Se cuenta que, en tiempos más convulsos y cuando esta era una zona remota y de difícil acceso, su montaña sirvió de paso y de refugio a guerrillas panameñas que cruzaban la frontera. Son relatos que hoy pertenecen al pasado y al folclor del lugar — parte de la memoria de estas tierras, mucho antes de que se sembrara aquí el primer cafeto.

Cuando nuestra familia llegó a cultivar al pie de ese cerro, heredó también su nombre. No lo elegimos por estrategia de mercadeo. Lo elegimos porque es el nombre verdadero de nuestra tierra — el lugar exacto donde, durante casi 70 años, hemos cultivado café.
Un nombre con historia, para un café con origen.