Nuestra Historia

Antes de existir Quijada del Diablo Coffee, existía una familia decidida a echar raíces donde casi nadie se atrevía.

Hace casi sesenta años, una familia llegó a estas montañas de Coto Brus con casi nada más que la determinación de empezar. No había caminos hasta acá — se llegaba en avioneta, como tantas otras familias que en aquellos años vinieron a conquistar tierras que todavía nadie había trabajado, en la última franja del país, donde Costa Rica se encuentra con Panamá.

Se trabajaba de día para una hacienda y, en jornadas extra, se levantaba tierra propia en la milla fronteriza — tierras sin título, ganadas a puro esfuerzo. Así se formaron los pueblos de esta zona, y así nació nuestra finca: construida de la nada por quienes, sin haber tenido nada, decidieron dejar un legado.

A esa primera generación la siguió la segunda, dedicando su vida al cultivo. Y hoy una tercera generación toma la posta, con una responsabilidad clara: que esta tierra siga viva, siga produciendo, y siga siendo nuestra.

Durante décadas, como tantos productores de la zona, vimos partir nuestro café sin saber a dónde llegaba cada grano. El esfuerzo se quedaba en la finca; el valor se construía lejos, en otras manos.

Quijada del Diablo Coffee nace para cambiar eso. No para mirar el pasado con nostalgia, sino para construir el futuro sobre lo que las generaciones anteriores hicieron posible — y para que la próxima reciba una finca viva, no apenas un recuerdo.

Hoy seleccionamos, procesamos y compartimos nuestro café con una convicción simple: el café más valioso no es solo el que saca el mejor puntaje. Es el que logra transmitir el lugar y las personas que lo hicieron posible con el mejor sabor.

Esta es nuestra historia. Y apenas estamos empezando.